“LA MEJOR MEDICINA ES EL AMOR Y LOS CUIDADOS”: Un artículo para padres que quieren ayudar a sus hijos…

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Un médico sabio dijo: “la mejor medicina es el amor y los cuidados”. Alguien le preguntó: ¿Y si no funciona? El sonrió y le contestó: “aumenta la dosis”…. Anónimo.

Cuando asumimos la exigente tarea de ser padres, a menudo nos preguntamos qué debemos hacer o qué debemos evitar para cuidar y proteger a nuestros hijos. Incluso en ocasiones, cuando ellos tienen dificultades, problemas o se meten en líos, los cuestionamientos que surgen giran alrededor de en qué nos equivocamos o que cosas hicimos mal. Frente a estas dudas, resulta muy funcional responder desde el amor. Revisar, en qué dejamos de amar, como o cuando no amamos lo suficiente…

Sin embargo, y aunque aparentemente resulta sencillo, no parece tan claro el significado del amor. Podría tener muchas definiciones y contextos que otorgan un matiz diferente a su conceptualización. Yo, no quisiera entraparme ni hacerlo con mis lectores. Incluso, apelaré a una de las definiciones más concretas que he visto al respecto:

“Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción”.

Evidentemente una de las tareas asignadas al rol parental, es el cuidado y la protección de los hijos. Si observamos la definición anterior, amar implica mantener a nuestros seres unidos y valientes ante las amenazas… Pero…¿qué ocurre si no vemos las amenazas?

Creo que un padre difícilmente duda de que ama a sus hijos. Muchos realizan actos equivocados pero, con el anhelo de amar… con la intención de hacer bien las cosas. Empero, ¿Todo padre podría responder con certeza sobre la observación de las amenazas o los peligros? Indudablemente si eres padre y estás leyendo con atención este artículo, podrías pensar que es imposible observar todos los peligros o las amenazas. Sin embargo, si haces con esmero la tarea de amar a tus hijos, lo que no logres ver tú, muy probablemente lo observarán ellos y lo evitarán.

Ahora bien, desde el punto de vista de la prevención y del mismo amor, una cosa es algo que hace daño y otra muy distinta una que causa dolor. Algo que hace daño, es algo que vulnera, deteriora, estropea, echa a perder. Desde este mismo punto de vista, algo que causa dolor, es algo que hace doler; que proporciona sufrimiento… Por lo mismo, no todo lo que duele hace daño y lo que daña no siempre duele. Parece un trabalenguas pero, no hay tal. Pensemos en cuestiones prácticas que nos permitan comprender un poco más:

Aplicar una vacuna duele, sus efectos secundarios producen sufrimiento pero… ¿hace daño?

Fumar no duele, incluso muchos afirman que resulta placentero pero… ¿hace bien?

Si amar es cuidar del peligro, otra forma de entenderlo es: amar es evitar el daño y por lo mismo, Amar no siempre implica eludir el dolor.

Si como padres pudiéramos ver con serenidad esta diferencia, tal vez lograríamos prevenir miles de situaciones y enseñar a nuestros hijos a que hagan lo mismo. En efecto, amar resultaría una buena estrategia para evitar el peligro y por lo mismo el daño.

Vale la pena entonces re-pensar en cómo amamos: evitando el daño o evitando el dolor. En muchas ocasiones hacemos cosas para evitar que nuestros hijos sufran pero, no para impedir que les hagan daño y caemos en una trampa que prácticamente y de manera inevitable trae consigo lo que debiéramos evitar: que les hagan daño…

  • Les damos todo lo que piden o quieren para que no sufran
  • No los corregimos u otorgamos consecuencias para que no se sientan mal. Es más, en ocasiones establecemos correctivos y luego les pedimos perdón por haberlo hecho.
  • No les asignamos otras responsabilidades más que estudiar, para que no se compliquen.
  • Acolitamos sus equivocaciones para que no se sientan peor.

Entre muchas otras cuestiones que seguramente serían tema de discusión de un nuevo artículo.Cuando hablamos de prevenir el consumo de SPA, creemos que esto significa hablar de las drogas, informar sobre ellas, e incluso indicar sus efectos. Pero, más allá que nuestros hijos conozcan que son, que hacen, cuánto valen, donde se consiguen, etc, la primera parte de la prevención se refiere a realizar un ejercicio de crianza centrado en el cuidado y no en la evitación del dolor. Es decir, un ejercicio de crianza que enfatice en el amor.

SANDRA PATRICIA SIERRA

Psicóloga Máster en Terapia Familiar

ssierra75@yahoo.es

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