El uso de sustancias psicoactivas como un factor específico en el riesgo de suicidio

En capítulos anteriores se mencionaron una serie de factores de riesgo, que bien pueden ser predisponentes, contribuyentes o precipitantes frente al suicidio. Sobre algunos de ellos, se pueden hacer ejercer acciones concretas y específicas, sobre otros no. Es por eso, que le colocamos especial énfasis al consumo de SPA como un factor específico para el riesgo de suicidio, sin decir con esto que sea necesariamente el más importante o único, pero si un factor sobre el cual se puede actuar con suficiente tiempo de anticipación para disminuir el riesgo de suicidio a futuro. Veamos por que es tan importante este factor y tan específico dentro del riesgo de suicidio.

En una investigación en la que se contrastó una muestra de estudiantes universitarios con otra de pacientes en recuperación en un centro de tratamiento de adicciones, se vio que a mayor consumo de sustancias, mayor era la presencia de ideas e intentos de suicido en el grupo de pacientes. Al analizar solo el grupo de estudiante, hubo mayor reporte de ideas e intentos de suicidio entre aquellos que además de tabaco y alcohol, también consumía algún otro tipo de SPA (Aja Eslava, 1997). En otra investigación desarrollada con escolares, se encontró igualmente una alta asociación entre las conductas suicidas con el consumo de SPA (Aja y Gómez, 2008; Aja, 2004). En otra investigación de carácter cualitativo a través de la técnica de autopsia psicológica, al menos el 40% de las víctimas de suicidio mostraron resultados positivos a las pruebas de alcoholemia (Fernández, Aja y Panqueva, 2003). Los datos anteriores guardan concordancia con otra fuente: Medicina Legal. La institución refiere que en aquellos casos de muerte por suicidio en los cuales se practican pruebas de alcoholemia, se han tenido hallazgos que oscilan entre el 40% y 60% (Forero y Pérez, 2001; González y Tirado, 2002; López, Robledo y Martínez, 2003; Valencia, 2001(2)) y con diferentes niveles de intoxicación etílica, a lo largo de diferentes años de seguimiento.

Los problemas de consumo de drogas, al igual que el abuso de alcohol, se consideran condiciones que aumentan el riesgo de suicidio (Garland y Zingler, 1991). Concretamente, el alcoholismo como tal, se le considera un buen predictor de riesgo de suicidio (Maris, 1992). Las tasas de suicidio en los alcohólicos son mayores comparadas con la población normal (Lester, 1993). Las estadísticas señalan que las tentativas y logros de suicidios en la población alcohólica están ubicadas entre el 6% y 30%, aunque la mayoría tienden a fijarlo sobre el 20% (Monràs, Marcos y Ramón, 1992). Igualmente, Miles al analizar la literatura referente a los factores asociados al aumento del riesgo de suicidio, estimó que el 15% de los individuos que padecían de alcoholismo murieron de suicidio. Lo significativo de este descubrimiento se destaca en el hecho de que menos del 1% de la población general muere por esta causa (Freemann y Reinecke, 1995). Otras estadísticas ofrecen un rango de dispersión más amplio, ubicando la muerte por suicidio en la población alcohólica entre el 5% y el 27% (Monràs, Marcos y Ramón, 1993). Maris señala como al menos el 18% de la población alcohólica comete suicidio (Maris, 1992).

Freemann y Reinecke mencionan cómo el alcohol es frecuentemente ingerido junto con barbitúricos y otras sustancias, como medio para potenciar su efectividad en la realización de un intento de suicidio. Las estadísticas señalan que el alcohol es consumido junto con otros fármacos en mas de un 20% de los intentos de sobredosis y un número elevado de individuos ingieren alcohol horas antes de realizar su intento de suicidio (Freemann y Reinecke, 1995). Dusek y Girdano igualmente muestra como la combinación de alcohol y barbitúricos es peligrosa por la potenciación de los efectos de los barbitúricos gracias al alcohol (Dusek y Girdano, 1990). De la misma manera, Slaikeu menciona la importancia del alcohol como factor de riesgo en el suicidio por la desinhibición que genera su consumo, aumentando la impulsividad y por la disminución en las dosis letales requeridas con barbitúricos (Slaikeu, 1988). Igualmente, Mònras, Marcos y Ramón refieren como antes del acto suicida, aproximadamente 2/3 de los hombres y 1/3 de las mujeres han abusado del alcohol (Monràs, Marcos y Ramón, 1993). Lo anterior tiende a coincidir con algunas investigaciones toxicológicas, en las cuales se ha encontrado que cerca del 20% de las personas que se habían suicidado, estaban legalmente intoxicadas para el momento de su muerte. En el año de 1996 en Bogota, un 71.33% de los suicidas mostraban algún nivel de alcohol en la sangre y 37.4% mostraban niveles de intoxicación entre media y alta. Nuevamente, esto podría sostener la hipótesis del papel desinhibidor que jugaría el alcohol, para cometer el suicidio (Tanney, 1992).

Por otro lado, algunos autores establecen una conexión entre los problemas de alcoholismo y los trastornos afectivos, siendo el alcohol un exacerbador de condiciones depresivas premorbidas, o igual, un generador de dichos trastornos (Lester, 1992; Tanney, 1992; Petersen, Compas, Brooks-Gunn y otros, 1991). Eldrid también pone en relación el abuso de sustancias con episodios o problemas depresivos (Eldrid, 1993). En una investigación realizado con población universitaria, se encontró la alta asociación entre ideación suicida y consumo de sustancias. Más específicamente, al valorar el impacto del consumo en la vida del sujeto, el área más afectada fue la esfera cognitivo emocional, en muchos casos, con indicadores que podría dar a pensar en la existencia de trastornos del afecto y más aun en el grupo que mostraba mayores niveles de consumo de alcohol y otras SPA ilegales (Aja Eslava, 2007).

Por otra parte, hay que tener en cuenta el deterioro en la calidad de vida tanto de alcohólicos como de abusadores de otras SPA, existiendo una relación entre los problemas de ajuste en el trabajo, relaciones sociales y aislamiento social con el abuso de alcohol y otras SPA. Esta relación estaría muy ligada con la elevación en el riesgo de suicidio (Lester 1992). Maris, también coloca en relación el aislamiento social y la ruptura de relaciones sociales generados por el alcoholismo, como condición de riesgo para el suicidio (Maris, 1992). La investigación anteriormente mencionada con población universitaria, la segunda área afectada por el consumo fue el área académica y en tercer lugar las relaciones con la familia. Nuevamente, era mayor el impacto en quienes reportaban consumo de SPA ilegales y quienes habían manifestado conductas suicidas (ideas / intentos) (Aja Eslava, 2007).

La relación entre suicidio y consumo de otras SPA diferentes al alcohol es igualmente importante. Eldrid no restringe las elevadas tasas de suicidio solo en la población de alcohólicos, sino que también incluye a los abusadores de otras sustancias (Eldrid, 1993). Diversos estudios señalan que los consumidores de SPA han tenido tentativas de suicidio que oscilan entre el 25% y 50% (Martínez y Corominas, 1991). Los datos en España indican que 1 de cada 13 toxicómanos menores de 18 años, han tenido por lo menos una tentativa de suicidio y la cifra aumenta entre los 18 y 24 años, siendo 1 de cada 4 (Martínez y Corominas, 1991). Por su parte Eldrid dice que el incremento del consumo de alcohol en la población de adolescentes, podría ser una explicación del aumento tanto de tentativas como de suicidios consumados en la población joven (Eldrid, 1993).

Con todo lo anterior y a modo de conclusión de este apartado, se puede ver la importancia del alcoholismo y el consumo de otras SPA como factores de riesgo. Además, queda claro que habría al menos tres hipótesis que podrían estar en juego:

1. El alcohol y otras drogas establecen un papel desinhibidor de la conducta, aumentando la impulsividad para cometer el intento de suicidio. Obviamente, con la presencia previa de ideación.

2. Presencia de un trastorno afectivo previo al consumo de alcohol y que este último lo exacerba; o sino, que el abuso mismo de alcohol y otras sustancias son los generadores de los problemas afectivos. Nuevamente, en combinación con ideación suicida.

3. La situación misma de problemas familiares, laborales y sociales como consecuencia del alcoholismo y abuso de otras SPA, puede inducir estados de depresión, al percibirse como una persona derrotada. Aquí es en donde se abre el espacio a una condición de desesperanza y desesperación, dos de las condiciones cognitivas más frecuentes en quienes comenten suicidio (Shneidman, 1993).

En Colombia, la conexión existente entre el suicidio y el consumo de SPA incluyendo obviamente al alcohol es algo claro y evidente. En capítulos anteriores ya habíamos hecho una referencia en este sentido, pero recordemos un poco los datos. La fuente de información más fiable en este sentido es Medicina Legal: En un estudio específico sobre muerte en Bogotá por suicidio, realizado por esta institución una vez finalizado el año 2000, se encontró que en el 79% de los casos en los cuales fueron practicadas pruebas de alcoholemia, el 35.8% resultaron positivos (Forero y Pérez, 2001). En el año 2001 se reporta que en el 42% de las necropsias por suicidio practicadas a nivel nacional (consolidación del 95% de la información), se hallaron pruebas de consumo de alcohol, con diferentes grados de intoxicación (González Ortiz, 2002).

Finalizando este apartado: “La asociación entre el uso de armas de fuego como método suicida y el consumo de alcohol podría ser resultado de los efectos del alcohol en el organismo, como son la desinhibición de impulsos, pérdida de la autocrítica, trastornos cognitivos y depresión. Estos efectos en conjunto desencadenarían por un lado el impulso suicida y por el otro escoger un método tan letal como es el arma de fuego.” (Forero y Pérez, 2001).

Como podemos ver, por lo anterior, el consumo de SPA incluido el alcohol, es una condición que puede exacerbar el riesgo de suicidio y más en la población de adolescentes.

Le dimos una mirada condensada pero completa a la temática de las SPA, mostramos los principales conceptos asociados, hicimos algunas reflexiones sobre las implicaciones del consumo de algunas sustancias, sobre todo en la esfera de la salud mental. También mostramos cual es la conexión existente entre el consumo de SPA y el riesgo de suicidio.

¿Queremos que nuestros hijos sean felices y crezcan como personas libres y autónomas? Entonces procuremos colocar nuestros mejores esfuerzos por mantenerlos alejados lo máximo posible del mundo de las drogas, para que no se hagan esclavos de ellas.

Poniéndonos un poco dramáticos pero realistas, me viene a la memoria las lágrimas de una madre, después de haber enterrado a uno de sus hijos, quien tuvo serios problemas a raíz del consumo de drogas. Ella decía que sentía dos cosas y que estaba confundida. Por un lado experimentaba el profundo dolor por haber perdido a un hijo, porque los hijos, son del corazón. Pero sentía vergüenza por su otro sentimiento: tranquilidad al saber que ya había acabado esa dantesca pesadilla, tanto para ella como para su hijo. ¿Importa saber su nombre, clase social o historia de vida? Evidentemente no y dolorosamente, la anónima historia de esta mujer no es un caso único. Se repite días tras día. A nadie le gustaría ser protagonista de un drama de este calibre, entonces… no hagamos casting para estas películas de terror.

 

 

Bibliografía

 

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